Dicha así, en toda su anchura, parece una tarea neurotizante, un incordio, además de una manera algo esquizofrénica de experimentar las relaciones con los demás. Lo que sí resulta altamente motivador es el ejercicio de aproximación a estas realidades profundas del otro.

La cuestión sobre la identidad personal hace precisiones dependiendo de la disciplina desde la que se enuncie. Puede analizarse a partir de métodos de autentificación biométrica, tales como el escaneo de retina o el estudio grafológico de la firma, o puede examinarse desde disciplinas de orientación biológica, tales como la psicobiología, la neurobiología o la neuropsicología. Asimismo, los cuestionamientos de valor acerca de los conceptos de conciencia, ser, cognición o alma han atravesado la historia de la humanidad desde sus inicios a través de disciplinas de corte filosófico, teológico, psicológico o humanista. Existe, sin embargo, una potencialidad intuitiva que dota al arte de una rara capacidad para penetrar en el lado oscuro del ser, que lo predispone de forma eficaz para aproximarse a lo más confuso y perturbador de la existencia y, sobre todo, que le capacita para domeñarlo, para darle forma y devolverlo a los demás, al espectador, en forma digerible, nutritiva, tal y como indica Nietzsche <<¿Qué ha de hacer el filósofo? Entre el hormiguero humano ha de subrayar el problema de la existencia y, en general, los problemas eternos. El filósofo ha de conocer aquello que es necesario y el artista lo ha de crear>>.

Los guionistas de Bob Esponja son unos maestros penetrando en el lado oscuro del ser y la abajo firmante trata de hacer un tanto de lo mismo a través de la pintura, que es la forma de comunicación con la que mejor se apaña.

 

pray time

paloma pájaro 2013/14

Miramar, 21 de febrero de 2014.


Lo que dijo Bob Esponja.

‘Yo perdí algo una vez. Algo sin lo que no podía vivir. Mi identidad’.


‘Identidad perdida’ es el título del capítulo 58 de la famosa serie de dibujos animados. La historia comienza con esta melodramática declaración del protagonista y un delirante relato a modo de flash back donde Bob Esponja explica cómo un día perdió su identidad y cómo consiguió recuperarla. Alguien poco avisado esperaría, sin duda, la descripción de un patético drama pero estamos hablando del maravilloso mundo irrompible de Bikini Bottom, la ciudad submarina donde vive Bob Esponja. Amén de la implacable frescura de sus guiones y de su psicodélica plástica, los guionistas de la serie construyen muchos de sus argumentos a partir de divertidos equívocos, tales como asignar a una chapa metálica la complejísima magnitud del ‘Yo’.

Lo que Bob Esponja ha perdido es la tarjeta de identificación que utiliza en el trabajo (es cocinero en el Crustáceo Crujiente), y sufre un fortísimo ataque de angustia existencial cuando imagina que su chapa ha caído en manos de un malhechor y que éste se dedica a cometer tropelías en su nombre. Nos encontraríamos, sin duda, ante un aparatoso y desorbitado caso de usurpación de identidad, una situación sólo concebible en un mundo igual de aparatoso y disparatado.

El proyecto ‘pray time’ aborda, asimismo, la problemática de la identidad. ¿Es real o ficticia? ¿Qué es lo que la define? ¿Cuáles son sus límites? ¿Es posible aprehender, específica e inequívocamente, la identidad del individuo, de tu pareja, por ejemplo? ¿Es posible ir más allá de la experiencia subjetiva y defender la independencia del otro? En resumidas cuentas ¿Es posible constituir el otro ajeno? Y por último ¿Tendría algún sentido querer conseguirlo? Sospecho que no.

Acrílico y lápices de color sobre tabla. Medidas variables.

Lo que dijo Antonin Artaud.

‘El rostro humano es una fuerza vacía… a veces he traído junto a las caras humanas, a objetos, árboles y animales,

porque no estoy seguro todavía de hasta dónde llegan los límites del cuerpo y del yo humanos’.


Esta cita de Antonin Artaud ha introducido cada uno de mis proyectos desde el año 2004. La encuentro en mis cuadernos de notas repetida como un mantra, a modo de preludio ancestral. La declaración de Artaud, concentrada aquí en unas breves palabras, vehicula ética y estéticamente gran parte de mi trabajo.

La mayor parte de mis proyectos se articulan en torno a una concepción psicológica del paisaje, aquél que el individuo se construye y del que se rodea (personas, obras, cosas, recuerdos, animales, etc.). Los retratos humanos aparecen casi siempre complementados por retratos de apartamentos de playa, de paisajes bucólicos, por objetos de recreo playesco o por cabezas de pájaros hechas con trapos. Todos estos objetos se utilizan en su dimensión metafórica, como una suerte de extensión del individuo, una forma simbólica de identificación o de reconocimiento de esos límites del cuerpo y del yo humanos a los que se refería Artaud.

Un extracto del texto que acompañaba el proyecto OCCITENTE del año 2004 decía así: << Era previsible que en esa búsqueda del rastro de lo humano aparecieran los animales como signos u objetos de representación de lo humano, posibilitando así el acceso a una lectura matizada y sin duda más ambigua e inquietante, puesto que plantearse la animalidad humana nos sitúa en esa región fronteriza más allá del lenguaje y la razón: Aquí surge el existencialismo, donde no existe trascendencia ni sentido, donde el pensamiento carece de valor y la vida y la muerte adquieren la dimensión desasosegante del absurdo y la inutilidad. La historia está llena de referentes artísticos en este sentido. Basta recordar algunos clásicos como el Gregorio Samsa de Kafka, el buey desollado de Rembrandt, las sobrecogedoras escenas pictóricas del hombre del Paleolítico o los mordaces retratos de perros de William Wegman. Sin olvidar las implacables experiencias de Beuys, las tendencias taxidermistas de muchos artistas contemporáneos o los polémicos presupuestos del arte transgénico>>.

El proyecto ‘pray time’ mantiene ese deslumbramiento ante la posibilidad de aproximarse al lado más escurridizo de la existencia: la comunicación, entendida ésta desde un punto de vista filosófico. Es decir, su cuestionamiento como operación posible o no, la cual se pone en entredicho dada la dificultad de establecer auténtico contacto emocional con uno mismo y con los demás. El hecho inevitable, en palabras de Juan Miguel Company, de que <<Fuera del para-sí de la conciencia, está el ser en-sí en el mundo donde la relación con el otro es siempre agresiva>>.











Lo que dijo Edith Stein. 

‘La empatía, como tal, es un fenómeno originario sin el que no sería posible siquiera el conocimiento del propio cuerpo

o de la propia alma. Esto es: me conozco como yo real también en cuanto me transfiero a los otros y me percibo

como ellos me perciben’.


Identidad, comunicación y ahora añadimos un tercer factor en el juego: la empatía. Según la filósofa y mística alemana Edith Stein, la empatía sería el conocimiento afectivo de la vivencia del otro, del yo ajeno, del cual poseo una experiencia. Sería, además, la condición necesaria para la propia posibilidad de autoconocimiento, en la medida en que sólo a través de ella, de la empatía, es posible que yo me reconozca como distinto de los otros.

‘Pray time’ puede considerarse, por tanto, como una nueva forma de terapéutica personal que, partiendo de la dialéctica empatía/simpatía, pone en juego nuevas vías de autoconocimiento, de comunicación.














Lo que dijo Adam Smith.

‘Solamente a través de la imaginación podemos concebir sus sensaciones (a saber,  las de nuestro hermano).

Son las impresiones de nuestros propios sentidos, y no las de los suyos, lo que nuestra imaginación copia’.


El proyecto ‘pray time’ surge de la voluntad de crear espacios empáticos con las personas retratadas. El periodo experiencial dedicado a la construcción de dichos espacios es a lo que se ha denominado genéricamente ‘pray time’ o ‘tiempo de oración’.

Con el fin de establecer este hipotético espacio empático (un espacio protomúndico, ficticio e imitativo, sustentado en intuiciones, afectos e interpretaciones), se solicitó a los participantes que aportaran una serie de informaciones, tales como la selección de tres animales, así como la referencia de sus músicas y películas predilectas. Durante el proceso de elaboración de los retratos pintados se impuso como condición sine qua non, ambientar el taller de trabajo exclusivamente con aquéllos sonidos y películas que el participante hubiera recomendado. Más tarde se editó una pista sonora independiente construida con una parte de las músicas aportadas por los participantes y otra parte añadida de forma intuitiva y personal a partir de sonidos asociados subjetivamente a cada retratado. El objetivo era generar una nueva pista musical donde se imbricaran ambas subjetividades.

A modo de instrumento litúrgico de propiciación, la pieza musical asignada a cada uno de los participantes se escuchó ininterrumpidamente (efecto bucle/mantra), durante todo el proceso de elaboración de sus retratos. La misma función litúrgica asumen los círculos rojos estampados sobre las manos de los retratados (signos o marcas rituales).











Lo que dijo Jacques Mandelbaum.

‘La búsqueda más sincera de la verdad no es sino la forma más sutil de la mentira.

Ir más allá de las apariencias no es más que aparentar ir más allá’.


Generar un determinado estado empático a través de la música y el retrato de los cuerpos siempre resultará un ejercicio parcial e incompleto, pues permanentemente encontraremos en el otro un sentido de irreductibilidad que se resiste a la apropiación de su experiencia y objetividad. Por otro lado, la realidad de la otra persona aparecerá invariablemente filtrada por la experiencia del observador y de sus propias motivaciones emocionales.

Aquello que vivenciamos del otro, por cierto, no es solamente su cuerpo físico, sino que lo percibimos como la totalidad de un cuerpo vivo, con una dimensión psicofísica que trasciende su realidad aparente.

Aproximarse a estas realidades más profundas del otro constituye parte del fundamento del proyecto ‘pray time’. Para lograr esa aproximación se ha echado mano de los cuerpos de distintos animales no humanos a los que se ha asignado la función de extensores de la identidad personal a través de un paradójico efecto de máscara desenmascaradora o desmitificadora.

Los animales, cargados de significación simbólica tanto a nivel macro como microcultural, pueden entenderse como ramificaciones totémicas de la identidad personal de los participantes. En modo alguno se ha pretendido mostrar a estos animales como partes muertas de criaturas tullidas utilizados a modo de simple ornamento. Estos animales, de ojos despiertos e intensos, son los que soportan la expresión de vitalidad y energía del retrato, y su poder simbolizador, al colocarlos junto a los rostros humanos, particulariza y resalta la propia humanidad del retratado.

En resumidas cuentas, el proyecto ‘pray time’ puede entenderse como una experiencia sui géneris del yo profundo de las personas retratadas, una especulación en torno a los límites de la identidad personal, propia y ajena. Para ello asigna a cada uno de los cuerpos de los retratados, partes de cuerpos de animales no humanos. La principal función de estas extensiones orgánicas es la de amplificar, ajustar o revelar parte del complejo entramado psicofísico que suele quedar oculto a la percepción instantánea que tenemos de los demás y de nosotros mismos. Dicha construcción de identidades sólo es posible a través de un ejercicio imitativo intersubjetivo, donde el observador proyecta sobre el retratado parte de sus propias motivaciones emocionales.

paloma pájaro 2014

pray time fase UNO

pray time fase DOS